“Marchena 1936, Memoria de una historia oculta”

Nuestros compañeros y amigos de DIME, (Asociación de MH de Marchena) acaban de presentar durante las V Jornadas el documental “Marchena 1936, Memoria de una historia oculta”. Este magnifico documental, que fue presentado y proyectado en el salón de plenos del ayuntamiento marchenero y al que Amere asistió invitada por los compañeros martienses, no solo tiene el valor de la rigurosidad, la investigación y el testimonio vivo de hijos y nietos de los asesinados y represaliados por los golpistas, sino que bastaría con cambiar los nombres de los muertos, de sus asesinos y de las calles, plazas y cunetas, donde ocurrieron los hechos y serviría para narrar el horror y la barbarie que falangistas, curas, guardias civiles y militares sublevados perpetraron en todos y cada uno de los pueblos y ciudades andaluces por donde no pasó la guerra, ni se cavaron trincheras, por donde solo hubo un exterminio sistemático, un paseo de muerte de cobardes y genocidas.
Nuestras felicitaciones y un abrazo fraternal para los amigos de DIME.

Reproducimos a continuación referencia publicada en La Voz de Marchena.org

El 7 de septiembre de 1936, los maestros Rosendo de la Peña y Santos Ruano, maestros de un pueblo analfabeto y marginado, fueron asesinados después de un escrito del Jefe de la Sección Administrativa de Primera Enseñanza, en el que comunicaba al alcalde, que quedaban definitivamente separados de la enseñanza. “Dios guarde a usted muchos años” decían las cartas con acuse de recibo que nunca pudieron evidentemente firmar “por encontrarse desaparecidos”. Es un rotundo ejemplo de un magnífico documental lleno de rigor investigador y testimonios humanos escalofriantes, Marchena 1936, que se presentó én el salón de actos del Ayuntamiento completamente lleno este pasado sábado. El pueblo lo guarde muchos años, pero de verdad.

Después de las órdenes de que la enseñanza correspondiera a “las conveniencias nacionales” dadas un mes después del triunfo del golpe en Marchena, la crueldad con que se procedía a la eliminación de todas aquellas personas que habían contribuido al progreso del pueblo, a educar para formar personas libres, a aquellos que habían cometido el delito de pertenecer a un partido político durante la República, a un sindicato, o simplemente tener amistad o ser familiar de ellos, además de muchos civiles inocentes incluso algunos de ellos nada susceptibles de ser de ideología de izquierda, fueron cruelmente perseguidos, quedando el estigma para sus familiares durante buena parte del franquismo.

Comienza el documental, realizado por Manuel Ramírez y Manuel Bernal con la narración de Manuel Maqueda y la investigación de Javier Gavira, con la aportación de los historiadores José María Díaz Luque y del inglés Richard Barker, contextualizando históricamente un conflicto que se veía venir después de la mala aceptación de la derecha de su derrota electoral de 1936 y los movimientos militares que se estaban produciendo para derrocar a la democracia republicana vigente y que ya habían tenido su primera manifestación en el golpe fallido de Sanjurjo.
El documental abre una puerta de la memoria a personas y familias que han vivido una auténtica represión durante décadas, sumada al ya de por sí inhumano sufrimiento vivido durante la Guerra, y posteriormente aumentado con provocaciones, insultos y humillaciones, más el reconocimiento expreso de golpistas considerados y homenajeados durante tantas décadas con calles, plazas y sus nombres en lo más alto de las esferas públicas.

Con una breve referencia nacional a la importancia de la toma de Sevilla por los golpistas con Queipo de Llano a la cabeza, comienza este documental, que explica cómo el golpe va tomando tintes dramáticos conforme no sólo se intenta derrocar al Gobierno de izquierda elegido, sino a todo el sistema demorático republicano en sí, arrasando desde las clases trabajadoras agrícolas hasta a la mediana burguesía incluso, en su rodillo que imprimió desde aque verano del 36.

Los primeros acontecimientos prebélicos suceden con el nacimiento de la Falange en Marchena, centrándonos ya en nuestra localidad, y el clima tenso que el nacimiento de este partido de extrema derecha propició en nuestro pueblo, produciéndose la tendencia de pasar de ser casi marginal a preponderante con la instauración del régimen. Las amenazas a muchas personas que acuden al entierro de la madre del alcalde socialista Luis Arispón y una brutal paliza al jornalero Enrique Narváez en plena madrugada, son sólo algunos ejemplos del clima que se estaba creando en Marchena y que hicieron que el Partido Socialista y UGT firmaran un escrito reafirmando la importancia de defender los valores democráticos en aquella situación, cuando ya en julio con la llegada de Queipo a Sevilla llega a Marchena propaganda incitando a sublevarse contra el régimen democrático hasta que el 21 de julio y hasta el 1 de noviembre se instaura en Marchena la Comisión Gestora del Golpe con cinco personas, falangistas y militares, a la cabeza como alcalde provisional José Montero y con una mano derecha muy importante, el Brigada de Información Salvador Pérez Palomo, encargado de etiquetar a todo “sospechoso”.
Después del rápido cambio de nombre de calles y la eliminación de rastros marxistas de paredes y de calles, que no hizo falta ni tan siquiera que esperara a la carta de la delegación del Gobierno instaurado, se produce el 26 de julio el asesinato del alcalde Luis Arispón, en Alcalá de Guadaira, durante un viaje que realiza a Sevilla para asuntos políticos y también con motivo de teñir de negro unos trajes para guardar luto por la muerte de su madre. La petición vecinal de un día antes del golpe para llamar Luis Arispón a la calle Sevilla, fue fulminantemente rechazada, nombrándose para mayor humillación Primo de Rivera por parte de las nuevas autoridades locales.

Mientras tanto en Marchena se preparaba un Comité de defensa de la República con papel importante de mujeres voluntarias que pusieron todo su empeño en sumar fuerzas, incluso de Paradas llegó un grupo de jóvenes voluntarios de las que muchos fueron asesinadas por el camino, mientras que Ismael del Pozo, teniente de la Guardia Civil de Marchena, y el comandante Juan Sanz Hens, de Écija, más efectivos de Paradas y Arahal acudían a Marchena para reforzar a los falangistas, además de hacerse con el control de edificios claves como la torre de Telefónica, entre otros, y así fueron cayendo personas como el guarda de una de las puertas de Marchena, la de Osuna, en misiones de defensa de la República o el militante comunista Francisco Cañete, así como el propietario del bar de la Puerta de Morón bastión de resistencia republicana, José María Ballesta, con el testimonio de una de sus hijas de cómo se negaron a curarlo en un hospital de Sevilla en su agonía final. Las instrucciones, estaban muy claras.
La resistencia en el Centro Obrero terminó por agonizar y la muerte de Sanz Hens, Del Pozo y el abogado Rojas Lobo en los tiroteos, culminó con el inmediato fusilamiento de 17 personas del Comité de Resistencia en plena vía pública, mientras otros huían a la desesperada hacia la zona de Puebla de Cazalla y Osuna, pues aún el golpe tardaría casi tres años en ganar la batalla en España. Otros como Salvador Sarria, se mantendrían ocultos en sus propias casas sin salir durante 12 años con la fortuna de que en la etapa final de la dictadura lograría libertad de movimientos y ya en democracia fue Presidente de Honor del PSOE de Marchena, hasta que murió en 1984 y otros como el insigne diputado Mariano Moreno se exiliarían a México, aparte de otros muchos, que corrieron peor suerte como “Vaquerito”.

Pero más allá de la historia de represión, de paseíllos al cementerio y de explotación incluso a niños huérfanos de las víctimas del franquismo, hay historias de la calle que recoge con una fuerza descomunal este documental Marchena, 1936, Memoria de una historia oculta, con aquella famosa frase que se convirtió en el día a día de cientos de marcheneros con un militar o empleado municipal llamando a la puerta y preguntando por familiares de personas sospechosas de amistad, colaboración o participación en todo cuanto oliera a República: “Oiga… está tal?, dígale que salga, vamos a hacerle una pregunta”.

“Una pregunta muy larga”, afirma el testimonio aún en vida Adolfo Maqueda, que vio de pequeño cómo se llevaban a su hermano de su casa con sólo 15 años, o de Rosario Jiménez Martín, que recuerda como su pequeño hermano se vino herido de sentimientos y sin recoger el pan de la beneficiencia por una frase cruel y repetida: “no darle el pan, es hijo de un rojo”. Es la represión después del golpe que aún tiene cara humana de gente que se va a llevar a la tumba ese recuerdo ya de forma más aliviada que muchos otros que han ido muriendo sin unas jornadas, sin una lucha por recuperar la memoria y conocer lo que verdaderamente ocurrió, de ser dignificada su lucha y aplaudido su coraje de sobrevivir, que no fue poco.

También aparece el caso de José Guisado, un hombre sobre el que los testimonios sólo recuerdan su vocación de “como tenía un don de palabra, que nosotros no tenemos”, afirma su hija Bienvenida, “me han dicho todo el mundo siempre que no dudaba en ayudar a quien lo necesitaba, en ir y hablar con quien hiciera falta”. De hecho, su labor al frente del Sindicato de Obreros Agrícolas y Oficios Varios le hizo tener ese carácter, además de ser maestro del Molino de San Pedro, donde se escondió antes de entregarse a las nuevas autoridades por temor a lo que le sucediera a sus hijas. Bienvenida tenía varios meses en aquel entonces en el que tras su asesinato en la fosa común recién cumplido 38 años, los falangistas tuvieron el “detalle” de devolverle la cartera a su madre con un retrato de su esposo en el interior y que aún conservan. De hecho, su nombre fue inscrito tras muchos años de lucha, en 2005 en el Registro Civil de Marchena. José fue un hombre “de consenso y dialogante” en la época según todos los testimonios y “amante de la cultura y de la lectura”, pero sus libros fueron quemados por si no hubiera sido poco quemar su vida.

Mientras tanto, las familias convivían asustadas ante los terribles discursos de Queipo de Llano, uno de ellos de los que se ha recogido su vídeo en este documental y en el que el General golpista llamaba a los habitantes de pueblos como Morón, Utrera o Puente Genil, aún no tomados, a “matar al enemigo como a un perro, faculto a que a esos idiotas los callen de un tiro, o me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré, sabrán quienes son hombres de verdad y no milicianos maricas, los sacaré de debajo de las piedras, y si están muertos, los volveré a matar”. La tumba con el cuerpo de Queipo de Llano se encuentra hoy en día en la basílica de La Macarena, cuya titular luce fajín de gala del general en su procesión a pesar de los títulos honoríficos que el Ayuntamiento de Sevilla en Pleno le retiró en su día.

Aparecen testimonios de mujeres mayores, como Carmela quien recuerda como a su abuela incluso le quitaron el velillo dos falangistas por la calle San Pedro cuando paseaba de su brazo siendo niña. Su abuela renunció a ir al Ayuntamiento nunca más, pues allí estaban quienes habían matado a su esposo, y su nieta, hoy en vida, recuerda aquellos gritos de “criminales” que su valiente abuela descargó sobre los falangistas que se burlaban de ella por la calle. La familia de Enrique Narváez y de su esposa, asesinada por el mero hecho de ser su esposa con aceite de ricino y siendo previamente pelada, recuerda en su testimonio como “estaba prohibido nombrar o llorar a sus familiares”, como comenta su nieto Francisco.

Los expedientes además de por filiación sindicalista, sospecha de colaboración con la República, se extendieron al ámbito de incautaciones económicas a pequeños empresarios de gaseosa o a gente medianamente pudiente de izquierda e incluso de centro, como se expone en un caso estremecedor que conmocionó al pueblo por la calidad humana de la persona en cuestión, Baldomero Herrera Hurtado, totalmente ajeno a la política y del que su empleado por entonces, aún en vida, Sebastián López, que se encargaba de los cobros yendo a los domicilios, se le sale el corazón por la boca hablando de él, como si fuera ayer: “era muy amable, siempre dejaba fiado a todo el que no podía pagar, le debía toda Marchena, todo Dios le lloró, qué buena persona era” no se cansa de repetir Sebastián en el vídeo recordando como su jefe, que tenía una tienda de comestibles, ferretería, droguería…le recomendaba “guíate por los buenos caminos siempre”, mientras exclama “pobrecito, pobrecito”.
Es conmovedor aún más el testimonio de Sebastián sobre el caso de la esposa de su entonces jefe, María José Ruiz: “Le dieron la vuelta por las calles, con la música detrás, por delante de su casa la pasearon y ella se hincó de rodillas, llorando, pobrecita, qué lástima, ¡dónde queda tó lo bueno, y tó lo malo, donde queda tó!”.

Un teniente de la Guardia Civil se quedaría a cargo de la tienda que tantas y tantas ventas tenía, hasta de bases de peroles como recuerda Antonio Cañete entre sus frases de “eran malos, malos, malos” sobre los represores, y que fue objeto de la más ruin de las envidias, cuando su esposa fue intimidada ya asesinado Baldomero para traspasarla por 17.000 pesetas, estando peritada en 100.000 pesetas, como se pudo conocer según informe que condenó a algunos de los culpables posteriormente gracias a la mediación de familiar directo e industrial adepto al Régimen franquista para que el caso se juzgara. De las 17.000 pesetas sólo le entregaron 2.000.El supuesto delito o justificación para matar a Baldomero habría sido vender gasolina, sin saberlo como es lógico, a unas personas que intentarían quemar una Iglesia.

“Cómo eran tan cristianos y no hacían más que matar y matar…” recuerda Nicolás Burgos en el documental con su testimonio junto al de varias personas mayores que narran el panorama de muertes y muertes día tras día y el correrse la voz de varios asesinatos cada mañana.

Así casos y casos como el que cuenta Antonia Parra cuando se sintió discriminada al tener que ir al Corpus sin traje de comunión como tal por las circunstancias económicas que atravesaba después de que su padre, el jornalero, Antonio Parra, también fuera víctima de la purga fascista como otros muchos marcheneros y marcheneras: “Yo estoy seguro de que mi padre no dijo ni como se llamaba”, ya que fue ejecutado como “el hijo de Parra el de la barbería”, relata sobre la dignidad de su padre en la muerte la presidenta de DIME.

Luego llegarían los tiempos de trabajar por una peseta al día, de población ocupada en labores de limpieza y servicios domésticos a franquistas y sus familiares, de huérfanos trabajando antes de tener uso de conciencia y de aquellos pelotones de trabajo que construyeron entre otras grandes obras del régimen, el Canal del Guadalquivir, ese tiempo en que muchos de los supervivientes fueron víctimas en vida y alimento para los vencedores.
Hoy, no sin trabas incomprensibles como las sufridas por el juez Garzón, ampliamente recordado y ovacionado en este acto junto al propio documental en sí durante varios minutos y con más de 200 personas en pie en el salón de actos del Ayuntamiento, donde no cupo un alfiler, se van cumpliendo las expectativas de justicia de quienes fueron tantas décadas los olvidados ante los ojos también de juventud que por primera vez tiene un testimonio inigualable de la historia de su pueblo, pues no solo de moros, cristianos y Ponce de León se surte la historia de Marchena, sino de gente en vida que ha visto este documental con toda la amargura de recuerdos infames, pero como un aroma de resurrección.