“La República del siglo XXI”

Muchos compañeros y muchas compañeras intentan llamar a la proclamación de la República. Derrocar a la monarquía es ciertamente nuestro reto común. La monarquía ha caído de nuevo en la deshonra, no tiene autoridad moral, el jefe de un estado cuyo propio ministro de universidades, el sociólogo Sr. Castells, afirma que la sociedad española está en descomposición; la corrupción endémica heredada del régimen anterior, las injusticias sociales, la deuda abisal, el espacio sanitario descompuesto, la educación pública sin medios, la manera de gestionar la economía, el caciquismo histórico, las grandes empresas libres de impuestos, la emigración sin límites, y tantas otras evidencias que son incompatibles con los principios básicos de una democracia dan fe de ello.




Por eso pensamos necesario inventar, entre todas y todos, otro sistema adaptado a las realidades del siglo XXI, integrando las referencias históricas, los pensamientos filosóficos y valores que compartimos con aquellos que resistieron y resisten, en la defensa de tres principios fundamentales expresados en la última reunión en territorio español del Parlamento Republicano.

1- Reconciliación nacional fundamentada en la Verdad, la Justicia y la Reparacion.
2- Soberanía Nacional, hoy hechos como el reconocimiento del Sahara como territorio marroquí de forma unilateral por los EEUU, no sólo es una afrenta sino que pone en peligro la españolidad de las Islas Canarias. La dependencia de nuestro sistema sanitario es otro hecho intolerable, la pandemia del COVID 19 ha puesto de manifiesto que el espacio farmacéutico mundial era el mercado líder en materia de corrupción y dumping comercial. La política exterior y económica sometida a instituciones que no están controladas democráticamente es una evidencia.
3- Consulta al pueblo sobre Monarquía o República.

No podemos dejarnos llevar por la precipitación, ni caer en un radicalismo verbal que acabe por tercera vez en una derrota, y lo que sería peor, en una rendición incondicional. La urgencia no debe ni tentarnos a levantar viejas banderas sin más, ni tampoco a seguir los tambores de quienes querrán utilizar la República como coartada para cambiarla forma manteniendo el fondo. Debemos ser conscientes de que los que resistieron, se enfrentaron a potencias extranjeras interesadas en romper y debilitar a España; no sólo Alemania o Italia. Resistir es hacerse consciente de que el Reino de la Gran Bretaña, desde la Guerra de Sucesión, ha tenido como objetivo controlar el Mediterráneo y para ello, su Foreing Office ha apoyado todo lo que podía convertir en protectorados ingleses: a Portugal, España, Italia, y la península de los Balcanes. LA REPÚBLICA DEL SIGLO XXI DEBE SUSTENTARSE EN UNOS CIMIENTOS FIRMES.

¿Pues cuáles son los bloqueos que impiden adelantar en dicho proyecto?

Mostrar las diferencias abisales entre República y Monarquía. ¡No solo es cambiar el jefe del Estado! ¿Por qué la historia se repite? Tenemos que entender lo que ha sucedido en este país, es decir, entender las causas de la llamada corrupción. No hablamos de algo que ha sido “puro” y se ha “corrompido”, hablamos de un comportamiento secular que se viene produciendo, tapado por las banderas. Aunque el Estado sea hoy monárquico y mañana republicano, no avanzaremos si se mantienen las mismas perspectivas. Hemos vivido la transición permitiendo que el franquismo definiera qué es el patriotismo, y el régimen monárquico nos ha impuesto una democracia sin aliento, ligada a un sistema oligárquico sin futuro y a unas castas herederas y beneficiarias del franquismo. En este país no hay salida si no tenemos presentes dichos desafíos, que son los principales desencuentros entre los pueblos de España y el Estado. DECLARARSE PATRIOTA ES CONSTRUIR LA REPÚBLICA DEL SIGLO XXI.

El republicanismo no caerá del cielo. Es necesario romper definitivamente con la idea de que los fenómenos observados se explican pasando de lo más simple a lo más complejo, es decir, de lo conocido por vivido y analizado hacia el futuro incierto, inestable y versátil, o incluso a mutaciones repentinas e ínsospechadas. No hay evolución política, económica, ni social a partir de viejas certezas. Redes y círculos invisibles a las órdenes del capitalismo internacional y a tantas otras redes de intereses personales están acabando con la democracia. La crisis del 2008 lo ha puesto de manifiesto derivando hacía una crisis social, cultural y moral cuyo resultado es más bien una inhibición fragmentada de una sociedad que ignora las lecciones políticas y morales de nuestra historia y está tentada por nuevas concepciones contrarias a las Constituciones democráticas. En la medida que la sociedad española esté en condiciones de relacionar el necesario duelo colectivo que el franquismo y el postfranquismo han bloqueado, se podrán ponerlos cimientos de la reconciliación nacional y la verdadera democracia.

LA RECONCILIACIÓN ES LA PRIMERA PIEDRA DE LA REPÚBLICA DEL SIGLO XXI.

No subestimemos el riesgo de una explosión social en la misma Europa que puede precipitar los acontecimientos dando vida a un neofascismo, sin embargo los seres humanos tenemos la singular capacidad de transformar la sociedad para no encontramos con un desastre económico, social y ecológico, Desde los años 80 el sistema neoliberal viene deconstruyendo la sociedad del bienestar, poco a poco la ciudadanía pobre es cada vez más pobre y la clase media se está hundiendo. Las sociedades se desorganizan, las nuevas relaciones de subordinación clientelar no crean conciencia social basada en una nueva cultura republicana, el individualista sustituye al ciudadano, el cual individualmente es depositario de derechos universales puesto que nacemos y permanecemos libres e iguales en derechos y deberes. En consecuencia, la recuperación del concepto de ciudadano es la fuente de la soberanía legítima de la República. No puede haber reformas sin transversalidad. Solían decir en los años 30: ¡queremos pan, si, pero también queremos rosas! DEBEMOS INVENTAR LA REPÚBLICA DEL SIGLO XXI.

Solamente la mayoría podrá construir la República, debemos ir a buscar a los millones de ciudadanos, tanto demócratas como progresistas, para quienes el espacio republicano no es hoy día una prioridad porque sufren vejaciones y afrentas, fruto de la pérdida de soberanía a manos del capitalismo anglosajón. Refundar la República es combatir el mito de que ésta es sinónimo de colapso social, las dos Repúblicas han sido serios intentos de combatir la monarquía como máxima expresión simbólica de un régimen que ha acorralado a los pueblos de España en un callejón sin salida. La inocencia es un lujo que los Republicanos no nos podemos ya permitir; tenemos que mirar puertas adentro y despejar dudas y mentiras para luego invertir todos los esfuerzos en el desarrollo de la sociedad civil republicana, renovar el concepto de democracia, de política, y conservar el patrimonio republicano y difundirlo a las nuevas generaciones.




La memoria y la República.

No hay República sin memoria, no hay memoria sin reconocimiento republicano, las asociaciones memorialistas debemos tomar conciencia plena de que en España, en el siglo XX se cometió un genocidio que se desarrolló mediante un proceso de tres fases: deshumanización de las víctimas republicanas, basada en el subproducto pseudointelectualoide de Vallejo Nájera y por una interpretación perturbada del cristianismo, heredera directa de la Inquisición, fruto de una iglesia de rituales, de supersticiones y del monopolio de los encantamientos. Seguidamente se produjo la pérdida de derechos civiles y poli ‘ os y finalmente el genocidio: robo de centenares de miles de niños y niñas, las fosas, los campos de concentración, el exili que marcan con heridas profundas al conjunto de nuestra so edad, que intenta en vano refugiarse en el olvido y en el silencio cuando no, en el ruido que apaga las palabras. La transición no significó una ruptura con el régimen anterior y la consecuencia más grave es que fomentó la aculturización que permitió no afrontar la anterior deshumanización de una sociedad sembrando así la ignorancia de la criminalización de las víctimas mientras se ensalzaba a los verdugos. Mientras se olvidaban los avances conseguidos por la II República se construía un modelo económico con los pies de barro que ha entrado ahora en crisis sistémica.

La reivindicación de Verdad, Justicia y Reparación se ha visto bloqueada, no tan solo por el boicot de los herederos del franquismo. Europa ha olvidado la República y su contribución a la victoria sobre el nazifascismo. Unas amistades inconfesables al más alto nivel han estado vinculadas durante décadas en esferas de poder que han controlado el pensamiento y la historia oñcial considerando la disidencia como ilegítima. La persistencia de estas élites en el tiempo y su capacidad de sobrevivir a la derrota del nazifascismo y de erosionar progresivamente la democracia conquistada en 1945 explican la creciente brecha entre las aspiraciones de la ciudadanía y las políticas llevadas a cabo en los últimos años por estas castas trasparentes. Así puede uno entender cómo las desregulaciones fueron impuestas a los estados miembros de la Unión Europea, reducida a ser un espacio de dumping social y fiscal abierto a todas las competencias desleales. Además de las dificultades externas, debemos tomar conciencia de que nosotras mismas, como entidades, estamos marcadas por casi un siglo de franquismo y de postfranquismo, por una cultura y una época demasiado larga durante la cual, inevitablemente, hemos sido invadidas por los prejuicios de los verdugos, corremos el riesgo de reproducir sus esquemas maníqueos. La urgencia no es decapitar a las élites como unos cuantos piensan, sino recordar que la promesa republicana es la de que las élites sean designadas según su mérito y provenientes de todos los estratos sociales de la Nación. Esto debería ser el preámbulo de cualquier proyecto republicano.

Debemos esforzamos en superar la condición de víctimas para reconocemos como ciudadanos patriotas.

La República no es una ideología. No caerá del cielo, ni puede estar basada solamente en el recuerdo, debe tener en cuenta la realidad del presente. La República deberá forjarse en las luchas por la democracia en un mundo que está en crisis. En la actualidad, la acumulación de poder en corporaciones que no están sujetas al poder democrático pone en jaque a los mismos estados, la telaraña tejida por los megabancos, la cibercracia, los media corporativos, los grandes fondos de especulación financiera, etc. se proponen dirigir el gran reset que condenará, según sus propios documentos: Davos, grupo de los 30, a buena parte de nuestras sociedades a unas relaciones de sumisión extremas y reducirá a los Estados a oficinas de gestión de los intereses globales. El escenario es terrible, sin embargo la voluntad de los pueblos de defender su libertad, igualdad y fraternidad es tozuda. La resistencia sigue siendo el camino más corto hacia la III República.

Victor Sánchez Santaló — Figueres — Cataluña
Raimon San Geroteo — Le Boulou – Francia