Desde el Ateneo isleño, queremos rendir homenaje a esos historiadores, profesionales unos, y aficionados otros, que con una dedicación encomiable, con horas y horas de investigación, nos están devolviendo para el recuerdo y para la dignidad, los nombres, sus vidas y sobre todo el motivo y la manera de sus muertes.
Especialmente queremos recordar a José Casado Montado, fallecido en 1994, un isleño que tras una infancia y juventud marcadas por la miseria, el hambre y la desesperación que el régimen franquista impuso a los supervivientes del genocidio, dedicó sus últimos años a escribir, a investigar y plasmar en sus libros, sus vivencias personales…(¡Cuanta hambre al llegar la guerra y cuanto terror con los falangistas… y tantas cosas malas, en tan pocos años y con tan pocos años!…) relataba Pepe en Memorias de un Mal Nacido.
Pero la mayor contribución de Pepe Casado para la recuperación de la Memoria, para la recuperación de los Nombres de nuestros familiares, para la dignificación y rescate del olvido impuesto, fue, sin duda, su libro, Trigo Tronzado, en el que fruto de su habilidad para esquivar la vigilancia del párroco y del sacristán de la Iglesia Mayor Parroquial de La Isla, consiguió copiar el libro secreto que por el párroco, de su puño y letra, registraba a diario los “orden especial del Ilmo. Sr. Vicario Capitular del Obispado”“feligreses que fueron asistidos en la hora de sus muertes, decretadas por Consejo de Guerra o por Ley de Guerra”… es decir, los datos personales de los que fusilaban, de las “sacas” nocturnas.
Gracias a Trigo Tronzado, gracias a Pepe, hoy conocemos los nombres de isleños e isleñas, de puertorealeños, de republicanos y republicanas de la Bahía de Cádiz, que hubieran quedado enterrados en el olvido, en las fosas comunes de las cunetas y de los esteros.
Salud y a por la Tercera, ¡Ni un paso atrás!