Homenaje a los fusilados…

El pasado domingo dia dos, a las doce de la mañana, AMERE celebró ante la fosa común del cementerio de La Isla un Acto-Homenaje en memoria de los fusilados que allí yacen enterrados y de todos los que aún permanecen en cunetas y fosas.
Nuestro agradecimiento a todos los familiares, amigos y compañeros que nos acompañaron.
Entre otras intervenciones, queremos destacar la de nuestra compañera Carmen:

Carmen Amat Flórez
“En memoria de mi abuelo, José Amat Ramírez, fusilado en la tapia del cementerio de San Fernando y de mi padre, Manuel Amat García, que me enseñó a pensar y a no olvidar”

“España no es España, que es una inmensa fosa, que es un gran cementerio rojo y bombardeado […]”
Miguel Hernández

Durante los primeros meses de la Guerra la represión franquista fue encarnizada, indiscriminada y sin control ni registro de las víctimas. Cuando más adelante se ponen en funcionamiento los Tribunales Militares, con la farsa judicial de sus consejos de guerra, en un intento cruel y ridículo de dar aires de legalidad al exterminio del enemigo, la gran mayoría de los nombres de los anteriormente asesinados, no quedaron registrados en ningún lugar, ni en el juzgado, ni en el cementerio, ni desde luego, tuvieron una lápida sobre sus fosas, como muy bien dice el periodista y escritor Rafael Torres.
Y mientras que, al finalizar la Guerra, los vencedores fascistas pudieron buscar, encontrar, registrar y honrar a sus desaparecidos, a sus muertos, sobre los desaparecidos y asesinados republicanos se echaron paletadas y paletadas de silencio y olvido, sobre la arena que ya cubría sus huesos, hasta volverlos a sepultar, pero esta vez en el silencio más vergonzoso.

Nunca se ha sabido con exactitud el número de españoles que fueron asesinados y que desaparecieron durante y tras la Guerra Civil. La Victoria de los vencedores envolvió en una espesa niebla de mentiras a las víctimas, que quedaron para siempre estigmatizadas, olvidadas, separadas, amenazadas, intimidadas, y es que como muy bien dice el hispanista norteamericano, Hubert R. Southworth: “Durante cuarenta años, los españoles fueron obligados a tragarse una falsa historia de su país, y los efectos secundarios de una dieta tan asquerosa difícilmente pueden desaparecer en unos meses.”
Por tanto terror, muerte, miedo y silencio, estas palabras están dedicadas a todos aquellos a los que quisieron dormirles la voz, pero no lo consiguieron, porque su legado sigue vivo en nosotros. A todos aquellos que se vieron obligados a guardar silencio, a los numerosos familiares que perdieron más que a un padre, a un hermano, a un novio, a un marido… perdieron todos sus derechos. Los familiares de los represaliados no fueron sólo los perdedores, sino que fueron, en palabras del periodista y escritor Rafael Torres, las víctimas de la Victoria. El 1 de abril de 1939 no llegó la paz, sino la Victoria, y con ella la venganza, la persecución, la esclavitud y la vergüenza y deshonra de los vencidos. A todos estos hombres represaliados no sólo se les venció, mató y encarceló, sino que se les humilló, hasta convertirles en silencio, vergüenza y miedo, y se les siguió matando a través de la persecución a sus familias, que quedaron para siempre estigmatizadas.
Debemos tener MEMORIA, no para alimentar el rencor, ni sufrir por los seres amados que nos arrebataron de forma tan despiadada y ruín, sino para no olvidar y no cometer, de este modo, los mismos errores y porque sin Memoria no hay Dignidad. Debemos luchar por la recuperación de la dignidad de nuestros represaliados, de nuestros asesinados y de sus familias. No dejemos nunca más que nos duerman la voz, seamos un grito de esperanza en la noche oscura del alma, un grito que lucha por la libertad. No nos cansemos nunca de escuchar los testimonios de los pocos supervivientes que aún quedan con vida, porque ellos son Historia viva, testigos de la España más ominosa, sanguinaria y cruel, que durante muchos años fueron silenciados y quedaron mudos de terror, y que ahora, de nuevo, son libres para hablar. Estos supervivientes del horror son los guardas del pasado y de nuestra memoria.
Todos estos hombres y mujeres fusilados, algunos de ellos anónimos, nos demostraron con su ejemplo, con sus vidas, con su compromiso a la verdad y a la justicia, que les podían quitar la vida, que les podían quitar la libertad, pero lo que nunca conseguirían quitarles eran sus ideales. Les vencieron pero nunca les convencieron, como diría D. Miguel de Unamuno. Porque todos ellos y sus ideales siguen vivos en nosotros, y no conseguirán matarlos, ni callarlos, mientras nuestra voz no duerma y hable de ellos y de su lucha.

Hoy les rendimos un sentido homenaje a todos esos hombres que fueron fusilados y yacen en fosas comunes, o que, simplemente, desaparecieron para siempre.

Como dijera don Manuel Machado, en su último libro, “La Guerra”: “La muerte es cosa de hombres, y sólo el hombre, el hombre íntimamente humano, puede mirarla cara a cara.”
Y estos hombres, cuyo único delito era defender y creer en la libertad, la democracia, la igualdad, la educación, de todos los hombres, del pueblo, estos hombres, fueron gotas de pura valentía en medio de un océano cobarde e hicieron buenos los versos del poeta, Miguel Hernández:

“No te hieran por la espalda,

vive cara a cara y muere con el pecho ante las balas, ancho como las paredes.” Y lograron que hasta: “la muerte se sintiera orgullosa de tenerles.”

Pero no están muertos, vosotros que creísteis matarlos los podéis encontrar aquí, entre nosotros, en nuestras manos tendidas siempre hacia la paz, la justicia, la democracia y la libertad.
Un pueblo es siempre una empresa futura, un arco tendido hacia el mañana y para poder avanzar, para el definitivo olvido, es primero necesario el recuerdo. Sólo la restitución del nombre y del honor de tantas víctimas inocentes del fascismo podrá hacer posible que las viejas heridas puedan cerrar y sanar sin que vuelvan nunca a supurar. Cuando al fin sean nuestros fusilados y todas las víctimas reconocidos y tratados con respeto y dignidad, podremos caminar todos juntos hacia ese mañana, hacia ese futuro mejor que nuestros familiares y amigos lucharon por legarnos.
Seamos dignos herederos de tantos hombres y mujeres que dieron sus vidas para legarnos un mundo mejor y más justo. Meditemos sobre si con nuestras acciones somos dignos de tanta sangre derramada y tanto dolor…
Estamos cansados de tantos muertos mal enterrados, pedimos comprensión, no tolerancia, porque ésta última implica superioridad del que la brinda frente al que la recibe, y porque sólo exigimos lo que nos pertenece por derecho: arrancar del olvido a nuestras víctimas, que se les devuelva el reconocimiento que merecieron por su lucha y sacrificio, y que se haga de forma pública e institucional. Sólo pedimos respeto, memoria y dignidad para las víctimas y sus familias.
Compañeros, hemos vencido, después de tantos años, ya no somos víctimas, ahora somos un pueblo que se levanta y exige su dignidad, que se reconozca a sus muertos por sus nombres, no más anonimato, ya no hay que susurrar sus nombres, no más vergüenza, ya es tiempo de no tener miedo a hablar:

Me llamo Carmen Amat, mi abuelo era José Amat Ramírez, periodista, pintor, gran aficionado a la música, gran amante de la cultura, un intelectual de la época y era REPUBLICANO Y YO ME SIENTO MUY ORGULLOSA DE ÉL.

A todos los presentes, gracias por recuperar y recordar a tantos hombres cuyos nombres un día cayeron en el olvido, que es la verdadera muerte.
Y por último, quisiera leer unos versos de Jorge Manrique dedicados a todos los familiares de fusilados aquí presentes:
“Y aunque su vida murió, nos dejó harto consuelo su memoria.”


¿Qué opinas?